Un estilo de cerveza que nació para resolver un problema.
Eso fue lo que ocurrió con la Märzen, la llamada cerveza de marzo.
Su origen se sitúa en una época en la que elaborar cerveza durante los meses cálidos era arriesgado: las altas temperaturas complicaban la fermentación, aceleraban su deterioro y hacían mucho más difícil conservarla en buen estado.
Por eso, en la Baviera del siglo XVI, la cerveza se elaboraba sobre todo en los meses fríos. De hecho, el duque Alberto V prohibió su producción entre abril y septiembre para evitar los problemas que traía el calor. De aquella limitación nació una forma distinta de elaborar esta bebida.
Marzo era el último momento del año para elaborar una cerveza capaz de soportar el paso de los meses hasta la llegada del otoño.
Por eso se hacía con más estructura, algo más de alcohol y mejores condiciones para conservarse.
Lo más interesante es que este estilo nació de una necesidad muy concreta. Lo que comenzó como una respuesta práctica al clima terminó convirtiéndose en una cerveza con personalidad propia.
Quizá ahí reside buena parte de su encanto. La Märzen no solo habla de tradición cervecera; habla también de adaptación, de oficio y de una manera inteligente de enfrentarse a las limitaciones de una época.
En España, varias marcas comercializan este estilo de cerveza en lata, como Arriaca Tostada Märzen, desde Guadalajara; Turia Märzen, valenciana; Maresme #2 Märzen, catalana; y Althaia Mediterranean Märzen, elaborada en Altea.
Una cerveza con mucha historia detrás.
¿La has probado?
Un post de Carlos Jimeno, Director Creativo

